Costa Rica da sus primeros pasos hacia una IA ética mientras empresas enfrentan riesgos por falta de controles
La adopción acelerada de inteligencia artificial en las organizaciones costarricenses plantea desafíos relacionados con la privacidad, la discriminación y la seguridad de la información. INTECO impulsa estándares internacionales para establecer mecanismos de gobernanza, prevenir riesgos y garantizar un uso responsable de esta tecnología.

La inteligencia artificial está transformando la manera en que las empresas contratan personal, administran información financiera, automatizan procesos y toman decisiones estratégicas.
Sin embargo, detrás de las oportunidades de eficiencia y productividad surge una preocupación que comienza a ocupar un lugar central en la agenda tecnológica de Costa Rica: ¿qué sucede cuando las organizaciones incorporan inteligencia artificial sin establecer controles sobre su funcionamiento?
Para José Adrián Arroyo Aguilar, gestor de proyectos de normalización del Instituto de Normas Técnicas de Costa Rica (INTECO), el país apenas comienza a construir las bases necesarias para garantizar que esta tecnología se utilice de manera responsable.
“Básicamente, lo que estamos es dando los primeros pasos como país para implementar una IA de forma ética”, afirmó Arroyo durante una entrevista en la que analizó los desafíos de la normalización tecnológica y la necesidad de establecer criterios comunes para las organizaciones.
Su advertencia apunta a una realidad empresarial cada vez más compleja. Mientras compañías de distintos sectores incorporan herramientas de inteligencia artificial para agilizar sus operaciones, no todas cuentan con políticas internas que permitan identificar los riesgos asociados con su utilización.
La preocupación no se limita a las empresas que desarrollan sistemas tecnológicos. También alcanza a bancos, entidades financieras, organizaciones de servicios y cualquier institución pública o privada que utilice soluciones basadas en inteligencia artificial para procesar información o apoyar sus decisiones.
En ese contexto, la normalización comienza a adquirir relevancia como un mecanismo para establecer responsabilidades, fortalecer la transparencia y definir los límites bajo los cuales deben operar estos sistemas.
Uno de los principales desafíos identificados por INTECO es la posibilidad de que los sistemas de inteligencia artificial reproduzcan patrones de discriminación presentes en los datos utilizados para su funcionamiento.
Arroyo ejemplificó este riesgo con una situación que podría presentarse en los departamentos de recursos humanos.
Cuando una empresa utiliza inteligencia artificial para seleccionar candidatos, puede alimentar el sistema con información histórica sobre contrataciones, perfiles profesionales y características de quienes anteriormente ocuparon determinados puestos.
El problema aparece cuando esos registros contienen patrones de exclusión que el sistema podría reproducir.
“Si la historia de la organización únicamente se han contratado hombres, entonces la IA va a usar los datos que nosotros le ingresemos”, explicó el especialista.
En ese escenario, una herramienta diseñada para agilizar la selección de personal podría terminar reproduciendo desigualdades históricas si no existen mecanismos adecuados para evaluar los datos y supervisar sus resultados.
El mismo problema puede trasladarse a otros ámbitos, como la evaluación financiera, el reconocimiento facial y los sistemas automatizados de decisión.
Para Arroyo, la calidad de la información y las variables utilizadas resultan determinantes para comprender el comportamiento de estas tecnologías.
La discusión trasciende la precisión técnica de los algoritmos.
También involucra la responsabilidad de las empresas sobre las decisiones que toman utilizando herramientas automatizadas y sus posibles consecuencias para las personas.
La protección de la información constituye otra de las principales preocupaciones asociadas con la incorporación de inteligencia artificial en las organizaciones costarricenses.
Arroyo señaló que muchas empresas utilizan herramientas de IA en actividades cotidianas sin necesariamente haber definido políticas sobre qué información puede introducirse en estas plataformas.
Un colaborador que utiliza un asistente de inteligencia artificial para elaborar un informe financiero, analizar documentos internos o procesar información personal podría exponer datos sensibles si desconoce las condiciones de tratamiento y almacenamiento del servicio utilizado.
El riesgo depende de factores como la configuración de privacidad, las políticas del proveedor y los acuerdos de protección de datos. No todas las herramientas almacenan ni utilizan la información de la misma manera.
No obstante, la ausencia de controles organizacionales puede generar problemas de confidencialidad, privacidad y cumplimiento legal.
Arroyo advirtió que las empresas que incorporan estas tecnologías sin establecer parámetros adecuados se enfrentan a riesgos que van más allá de los aspectos estrictamente informáticos.
“Las normas como tal vienen a establecer cuáles son esos criterios de seguridad, de gobernanza, para que una organización pueda, no solamente aprovechar los beneficios de la IA, sino gestionar adecuadamente con controles los riesgos”, explicó.
Este enfoque representa un cambio en la manera de abordar la transformación digital.
La discusión ya no se concentra únicamente en la capacidad de las empresas para incorporar nuevas tecnologías, sino también en su preparación para administrarlas de forma segura.
ISO 42001: el estándar que busca ordenar la gestión de la inteligencia artificial
Como parte de esta respuesta, Costa Rica adoptó la norma técnica INTE/ISO/IEC 42001:2026, basada en la ISO/IEC 42001:2023, el primer estándar internacional dedicado específicamente a los sistemas de gestión de inteligencia artificial.
La versión costarricense fue aprobada el 13 de enero de 2026 y establece requisitos para implementar, mantener y mejorar continuamente los sistemas de gestión de IA en las organizaciones.
Su propósito es proporcionar una estructura mediante la cual las empresas puedan identificar riesgos, definir responsabilidades, supervisar el uso de herramientas inteligentes y evaluar sus impactos.
A diferencia de las normas enfocadas exclusivamente en características técnicas de programas informáticos, ISO 42001 aborda la gestión de la inteligencia artificial desde una perspectiva organizacional.
Esto significa que puede aplicarse tanto en compañías que desarrollan algoritmos como en aquellas que simplemente utilizan servicios basados en esta tecnología.
Arroyo considera que esta característica será fundamental para acompañar la evolución del mercado.
“Las organizaciones van a tener, a través de las normas internacionales, como la ISO 42001, una forma para poder controlar y anticiparse a esos eventos”, señaló, en referencia a los riesgos derivados de la expansión tecnológica.
La Organización Internacional de Normalización (ISO) establece que este sistema permite integrar la evaluación de riesgos, la transparencia, la rendición de cuentas y la mejora continua dentro de las operaciones empresariales.
Su implementación también puede ayudar a las organizaciones a responder a exigencias legales y regulatorias, aunque no sustituye las obligaciones establecidas por la legislación de cada país.
Para Costa Rica, disponer de una versión nacional de este estándar representa una herramienta que puede facilitar la adopción de prácticas internacionales de gestión tecnológica.




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