Elon Musk sobre su paso por la administración Trump: "Me dejé llevar"
- Redacción IT NOW
- hace 2 horas
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En una inusual autocrítica, el magnate reconoció que su paso por el llamado Departamento de Eficiencia Gubernamental (Doge) durante la administración de Donald Trump fue un error estratégico. Sin embargo, el empresario aprovechó una extensa entrevista con The Economist para presentar una visión aún más radical sobre el futuro de la inteligencia artificial, la automatización y la economía mundial.

Pocas veces Elon Musk reconoce públicamente un error. Mucho menos cuando ese error estuvo vinculado a una de las etapas más controvertidas de su carrera. Sin embargo, el fundador de Tesla, SpaceX y xAI admitió que involucrarse tan profundamente en la política estadounidense terminó alejándolo de aquello que históricamente ha definido su figura: construir empresas tecnológicas.
"Francamente, me dejé llevar", confesó durante una entrevista de 90 minutos concedida a The Economist, según reveló posteriormente The Guardian. La frase resume un cambio de tono significativo para quien destinó 200 millones de dólares a respaldar la campaña presidencial de Donald Trump en 2024 y posteriormente asumió la dirección del llamado Departamento de Eficiencia Gubernamental (Doge).
Desde esa posición supervisó un programa de reducción del gasto público que, según las cifras citadas por el diario británico, eliminó aproximadamente 150.000 millones de dólares del presupuesto federal y provocó la salida de decenas de miles de empleados gubernamentales.
Aunque Musk evitó profundizar en las razones de su arrepentimiento, no es la primera vez que reconoce que el costo personal y empresarial fue elevado. Ya en diciembre había señalado en un podcast que, de poder repetir la experiencia, habría dedicado ese tiempo principalmente a sus compañías.
La reflexión llega en un momento particularmente favorable para su patrimonio. Tras la salida a bolsa de SpaceX en junio, su fortuna personal superó momentáneamente los 1,25 billones de dólares, convirtiéndolo brevemente en el primer trillonario del mundo antes de estabilizarse alrededor de los 750.000 millones.
Pero el dinero no fue el centro de la conversación. La inteligencia artificial ocupó ese lugar.
La visión de un mundo donde el trabajo desaparece
Musk sostiene que la inteligencia artificial se encuentra mucho más cerca de transformar completamente la economía de lo que la mayoría de los analistas cree.
Su predicción es contundente. En aproximadamente cinco años, afirma, la capacidad combinada de los sistemas de IA superará la inteligencia humana agregada. En una década, la automatización será tan extensa que el trabajo dejará de ser una obligación económica para convertirse en una elección personal.
En ese escenario, tanto las tareas intelectuales como las físicas serían ejecutadas por máquinas. La programación de software, una profesión considerada hasta hace poco una de las más protegidas frente a la automatización, pasaría a ser realizada por sistemas desarrollados mediante la integración de las capacidades de IA de xAI con la infraestructura tecnológica de SpaceX. Al mismo tiempo, Tesla aportaría robots humanoides para ejecutar labores físicas.
Esta visión coincide parcialmente con una tendencia que ya observan múltiples estudios del sector tecnológico. Empresas como OpenAI, Anthropic, Google, Microsoft y Meta han acelerado el desarrollo de agentes capaces de ejecutar tareas complejas de forma autónoma, mientras fabricantes como Tesla, Figure AI y Unitree invierten miles de millones de dólares en robótica humanoide.
La diferencia es que Musk sitúa ese punto de inflexión en un horizonte mucho más cercano que la mayoría de las proyecciones del mercado.
Del ingreso universal al fin del dinero
Quizá la propuesta más disruptiva no sea tecnológica sino económica.
Musk plantea que, conforme la producción de bienes y servicios quede prácticamente en manos de máquinas, los gobiernos deberán implementar algún mecanismo de redistribución masiva de riqueza.
Lo describe como un "alto ingreso universal", una evolución del ingreso básico universal que durante años ha sido objeto de debate entre economistas y tecnólogos.
Incluso sostiene que estaría dispuesto a pagar "billones en impuestos" si ese escenario llegara a materializarse.
Paradójicamente, también considera que el dinero perdería relevancia porque una economía basada en producción prácticamente ilimitada generaría una presión deflacionaria constante. Según su razonamiento, el desafío económico dejaría de ser controlar la inflación para administrar un exceso permanente de bienes y servicios.
Es una hipótesis extrema, pero refleja un debate cada vez más presente entre investigadores que estudian el impacto económico de la inteligencia artificial general.




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