Novias y novios virtuales: cómo Estados Unidos y China compiten también en el amor con IA
- Malka Mekler
- 17 oct 2025
- 3 Min. de lectura
Mientras la mayoría de las plataformas de acompañantes digitales de EE. UU. se dirigen a hombres jóvenes novias de IA de anime hipersexualizadas, las contrapartes chinas se orientan a mujeres adultas con avatares dinámicos, influenciadas por la crisis matrimonial en el país y la desigualdad de género.

La inteligencia artificial está empezando a ocupar espacios cada vez más íntimos en la vida humana. En Estados Unidos, proliferan las plataformas que crean “novias digitales” con IA; en China, los algoritmos dan forma a “novios virtuales” diseñados para acompañar emocionalmente a las mujeres. Según un análisis de ChinaTalk, esta divergencia tecnológica refleja más que preferencias de diseño, es el resultado de culturas distintas, regulaciones disímiles y tensiones geopolíticas que condicionan la manera en que las sociedades proyectan su relación con la inteligencia artificial.
En el mercado estadounidense, los chatbots románticos son una extensión del modelo de Silicon Valley: abiertos, globales y centrados en la monetización de la interacción. Más de la mitad de las 110 plataformas de compañía con IA activas a nivel mundial tienen sede en EE. UU., y la mayoría de ellas están orientadas a un público masculino. Su diseño responde a fantasías heteronormativas y a un modelo de negocio basado en la gratificación emocional y sexual, con sistemas “freemium” que liberan funciones eróticas o conversaciones más profundas a cambio de pagos. Estas plataformas, como Replika o Character AI, se nutren de grandes modelos de lenguaje (LLM) capaces de recordar emociones, adaptar personalidades y mantener vínculos sostenidos con el usuario.
En China, en cambio, la IA emocional sigue otro camino. Allí predominan los “novios digitales”, diseñados principalmente para mujeres adultas y educadas en entornos urbanos. Las aplicaciones locales, como Xingye o Duxiang, mezclan algoritmos conversacionales con mecánicas de videojuegos y redes sociales, permitiendo crear tramas, personalidades o grupos de chat con múltiples personajes. Incluso se experimenta con dispositivos físicos, como pulseras con chips NFC, que activan respuestas del compañero virtual en el teléfono, extendiendo la interacción al plano tangible.
A diferencia de EE. UU., el contenido sexualizado es limitado o directamente prohibido. Esto responde no solo a normas sobre protección de menores, sino también a la preocupación del Estado chino por el impacto de la IA en la natalidad. Reguladores como Liang Zheng, del Instituto de Gobernanza Internacional de IA de la Universidad de Tsinghua, sostienen que las aplicaciones deben cumplir principios de “orden público y buenas costumbres”, un marco que también busca frenar la dependencia emocional o la sustitución de vínculos humanos por digitales.
Las motivaciones detrás de ambos modelos también son opuestas. En el contexto estadounidense, los “AI girlfriends” surgen como respuesta a la soledad y al rechazo percibido en relaciones humanas, un fenómeno amplificado por comunidades en línea como la manosphere. En China, los “AI boyfriends” responden a un descenso histórico en las tasas de matrimonio y natalidad, así como al crecimiento de una generación femenina más independiente y urbana.
Estas diferencias no solo definen la estética y el propósito de los productos, sino también los riesgos que cada sociedad percibe. En EE. UU., la Comisión Federal de Comercio investiga a compañías como Meta y OpenAI por posibles efectos psicológicos de los chatbots, especialmente en menores. En China, el marco AI Safety Governance 2.0 advierte que la dependencia emocional hacia sistemas antropomorfizados puede alterar el orden social y las visiones tradicionales sobre la familia.
La geopolítica añade otra capa de complejidad. Aplicaciones chinas como Talkie, creadas por Minimax, alcanzaron gran popularidad en el mercado estadounidense antes de ser retiradas temporalmente por “motivos técnicos”. Su regreso reavivó los temores sobre privacidad, influencia ideológica y seguridad nacional, similares a los que enfrenta TikTok. Detrás de estas tensiones se esconde un nuevo frente, el de la emoción digital como recurso estratégico.
Tanto en Oriente como en Occidente, los compañeros virtuales de IA están reconfigurando las fronteras entre lo humano y lo tecnológico. Las preguntas sobre seguridad, manipulación o salud mental son inevitables, pero también lo es una más profunda: ¿por qué tantos buscan en un algoritmo lo que no encuentran en otra persona? Las respuestas, como los propios chatbots, reflejan más los vacíos sociales que los avances técnicos.
