Panamá define su estrategia de IA, pero las empresas aún enfrentan el reto de integrarla
Un estudio entre 237 compañías revela que el 39% no cuenta con responsables ni procesos claros para gestionar la inteligencia artificial y solo 11% afirma tenerla integrada y generando valor.

Panamá ya cuenta con una Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial, pero para las empresas el desafío comienza después de incorporar la tecnología: conseguir que la IA deje de funcionar como una herramienta aislada y pase a formar parte de los procesos que generan valor. La estrategia, aprobada por el Consejo de Gabinete mediante la Resolución No. 89-26, plantea entre sus objetivos impulsar la productividad, desarrollar capacidades locales y promover una adopción ética, segura y responsable de esta tecnología.
Los datos del último Informe de Actividad Económica de ELEMÉNTE muestran la distancia que todavía existe entre el uso de IA y su integración dentro de las organizaciones. El estudio, realizado con la participación de 237 empresas, señala que 39% no cuenta con responsables ni procesos claros para gestionar esta tecnología, mientras otro 38% la supervisa de manera aislada por áreas. Solo 11% reporta tener la IA integrada y generando valor.
El diagnóstico revela una paradoja: la tecnología comienza a estar presente en las organizaciones, pero su gobernanza y conexión con la operación avanzan a un ritmo diferente. Según ELEMÉNTE, cerca de nueve de cada diez empresas participantes ya utilizan IA en algún proceso, aunque buena parte de esa adopción se mantiene en áreas puntuales o en etapas piloto. El nivel de madurez promedio registrado en el estudio fue de 2.6 sobre 5.
Para Jhonatan Segura, CTO de Trycore, el reto no consiste únicamente en sumar nuevas soluciones tecnológicas, sino en conectar esas herramientas con los procesos existentes. “Más tecnología no significa mayor productividad. Una organización puede tener diferentes soluciones en sus áreas y seguir operando de manera fragmentada”, explicó.

Esta fragmentación puede aparecer cuando sistemas como CRM, ERP, plataformas de automatización o herramientas de IA funcionan correctamente de manera individual, pero el intercambio de información entre departamentos continúa dependiendo de correos electrónicos, hojas de cálculo, chats, aprobaciones manuales o intermediarios. En estos casos, el desafío tecnológico se traslada a la arquitectura de los procesos y a la forma en que circula la información dentro de la organización.
Frente a esta situación, Trycore desarrolló el Scorecard de Agilidad Organizacional, una herramienta de autodiagnóstico que busca identificar puntos de desconexión dentro de las empresas. El instrumento evalúa tres dimensiones: agilidad estratégica, capacidad de entrega e innovación y madurez cultural, con el objetivo de detectar silos entre áreas, puntos de espera y procesos que dependen de múltiples intermediarios.
La herramienta genera un reporte ejecutivo a partir de la evaluación y permite identificar situaciones como información que debe trasladarse manualmente entre sistemas, procesos que quedan detenidos al pasar de un departamento a otro o tareas que dependen de una persona específica para continuar. La compañía plantea que este tipo de diagnóstico puede ayudar a determinar qué procesos requieren cambios antes de realizar nuevas inversiones tecnológicas.
La experiencia de proyectos anteriores también forma parte del argumento de Trycore. Segura mencionó el caso de BBVA Colombia, donde, según la empresa, la integración de una plataforma de préstamos mediante BPM permitió centralizar la gestión operativa de 460 oficinas y reducir en 30% los costos operativos y riesgos asociados. Este resultado corresponde a un caso presentado por la compañía y no constituye una medición general del impacto de la IA en las empresas.
La brecha de integración también alcanza el talento y la generación de valor. El informe de ELEMÉNTE señala que 51% de las empresas consultadas reporta contar únicamente con algunas habilidades básicas en IA, mientras 13% no dispone de talento interno para estas tecnologías. Además, la mitad de las organizaciones no genera ingresos mediante IA, lo que evidencia que la adopción tecnológica todavía no necesariamente se traduce en nuevos modelos de negocio.
El reto empresarial coincide con la nueva hoja de ruta del país. La Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial establece seis pilares que incluyen infraestructura, formación de talento, gobernanza de datos y ciberseguridad, ética y gobernanza de IA, atracción de inversiones y aplicación de la tecnología en sectores estratégicos. Con ello, Panamá plantea no solo ampliar el uso de IA, sino desarrollar capacidades para incorporarla de manera productiva y responsable.
Para las organizaciones, el siguiente paso será determinar dónde la IA puede generar resultados concretos y qué cambios necesitan sus procesos para aprovecharla. El escenario que muestran los datos apunta a que el desafío ya no es únicamente decidir si incorporar inteligencia artificial, sino cómo conectar sistemas, datos, personas y procesos para que la tecnología deje de operar como una isla y se convierta en parte efectiva de la operación empresarial.





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