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Alphabet, Amazon, Meta y Microsoft: el póker que convierte la IA en una máquina de ingresos

En una inusual coincidencia de resultados trimestrales, las cuatro "big tech" confirmaron que la inteligencia artificial pasó a convertirse en un motor concreto de ingresos, impulsado por el crecimiento sostenido del negocio cloud. Sin embargo, el avance viene acompañado de un fuerte aumento en el gasto de capital, reflejando el alto costo de construir la infraestructura que sostiene esta nueva etapa de la economía digital.




Alphabet, Amazon, Meta y Microsoft dejaron en claro que la narrativa de la inteligencia artificial ha entrado en una nueva fase: ya no se trata solo de promesas, sino de ingresos tangibles. Sin embargo, ese avance tiene un costo evidente: el gasto de capital (capex) continúa escalando a niveles históricamente altos, tensionando la rentabilidad futura.


El caso de Alphabet es ilustrativo del nuevo ciclo. La compañía reportó ingresos por 109.000 millones de dólares en el trimestre, un crecimiento interanual del 22%, el más acelerado desde 2022. El verdadero motor fue Google Cloud, que creció un 63% hasta alcanzar los 20.000 millones, respaldado por una cartera de contratos (backlog) que asciende a 460.000 millones. La estrategia de integrar infraestructura, modelos y aplicaciones (lo que su CEO, Sundar Pichai define como un enfoque “full stack”) empieza a traducirse en tracción comercial concreta.


En paralelo, Amazon consolidó a AWS como uno de los pilares más robustos de esta transformación. La compañía alcanzó ingresos por 181.000 millones de dólares, con su división cloud creciendo un 28%, el ritmo más alto en 15 trimestres. Pero el dato más revelador proviene de su negocio de chips, que ya supera un run rate de 20.000 millones de dólares con crecimiento de triple dígito. Según Andy Jassy, la plataforma Bedrock procesó más tokens en el primer trimestre que en todos los años anteriores combinados, una señal clara del salto en adopción de modelos generativos. El precio de esa expansión es elevado: el capex trimestral alcanzó los 44.000 millones, frente a los 25.000 millones del año anterior.


Meta, por su parte, reafirma que la inteligencia artificial no solo potencia productos emergentes, sino también negocios consolidados. La compañía reportó ingresos por 56.000 millones de dólares, un alza del 33% interanual, impulsada principalmente por su maquinaria publicitaria optimizada por IA. El CEO Mark Zuckerberg elevó la previsión de gasto de capital para 2026 hasta un máximo de 145.000 millones, citando el encarecimiento de componentes y la expansión de centros de datos como factores clave. La lectura es directa: sostener el liderazgo en IA implica una carrera intensiva en infraestructura.


Microsoft completa el cuadro con una tesis similar, aunque con un matiz distintivo en monetización. La empresa registró ingresos por 82.000 millones de dólares (+18% interanual), impulsados por el crecimiento de Azure y, de forma cada vez más visible, por su suite de inteligencia artificial integrada en productos de productividad. Microsoft 365 Copilot superó los 20 millones de usuarios pagos (desde 15 millones apenas un trimestre atrás), mientras que los ingresos anualizados vinculados a IA alcanzaron los 37.000 millones de dólares, con un crecimiento del 123%. En este caso, la IA no solo fortalece la infraestructura cloud, sino que redefine el valor de aplicaciones empresariales ampliamente adoptadas.


El patrón que emerge es consistente: la nube sigue siendo el vehículo principal de expansión, pero ahora está intrínsecamente ligada a la inteligencia artificial como capa de valor. La demanda por cómputo, almacenamiento y modelos avanzados está generando un nuevo ciclo de crecimiento, donde los contratos a largo plazo y el consumo intensivo de recursos consolidan ingresos recurrentes.


No obstante, el equilibrio financiero se vuelve más complejo. Las inversiones en centros de datos, chips especializados y redes energéticas están creciendo a un ritmo que recuerda a otras grandes transiciones tecnológicas, pero con una escala significativamente mayor. A diferencia de ciclos anteriores, la IA requiere no solo capacidad, sino también eficiencia energética, acceso a semiconductores avanzados y optimización continua de modelos.


En este contexto, la pregunta ya no es si la inteligencia artificial será rentable (los resultados indican que comienza a serlo), sino cuándo esa rentabilidad superará el costo de sostener la infraestructura que la hace posible. Big Tech parece dispuesta a absorber esa tensión en el corto plazo, apostando a que la combinación de nube e IA redefina, una vez más, los límites del crecimiento tecnológico global.


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