Cómo adoptar IA sin ampliar brechas
La innovación tecnológica debe impulsar el desarrollo inclusivo, fortalecer capacidades humanas y garantizar que nadie quede atrás en la transformación digital.

La inteligencia artificial (IA) está redefiniendo la forma en que las organizaciones innovan, toman decisiones y crean valor. Sin embargo, el verdadero desafío ya no consiste únicamente en acelerar la adopción tecnológica, sino en garantizar que su implementación contribuya a reducir las desigualdades existentes y genere oportunidades para más personas, empresas y comunidades.
La adopción está aumentando en diversos sectores y países, especialmente en ámbitos como la atención al cliente y la ingeniería de software. Sin embargo, el impacto económico real y la captación de valor siguen siendo limitados. “Según nuestra encuesta regional, solo el 23 % de las organizaciones latinoamericanas están generando valor económico mediante el uso de la IA, y apenas el 6 % en toda la región reporta una creación de valor significativa gracias a ella”, resume el estudio “América Latina en la era de la inteligencia: Una nueva vía para el crecimiento”, dado a conocer por el World Economic Forum en enero de este año.
Por su parte, el Índice Latinoamericano de Inteligencia Artificial (ILIA 2025), elaborado por CEPAL y CENIA, encontró que es en la naciones de Centroamérica y el Caribe donde se está dando una adopción más acelerada de la IA. Costa Rica trepó cuatro posiciones en un año, mientras que El Salvador escaló seis y Panamá figura entre los seis países latinoamericanos con mayor adopción de IA generativa, junto con República Dominicana.

La inteligencia artificial tiene el potencial de democratizar el acceso al conocimiento y acelerar la innovación, pero solo si se desarrolla sobre principios de apertura, colaboración y confianza. Las organizaciones necesitan plataformas que les permitan construir soluciones adaptadas a sus realidades, evitando nuevos obstáculos tecnológicos y promoviendo la participación de más actores en el ecosistema digital”, señala Martha Ardila, Country Manager Red Hat Centro América y Caribe.
No obstante, el crecimiento acelerado de esta tecnología también plantea riesgos. Organismos internacionales han advertido que, sin políticas adecuadas, la inteligencia artificial podría profundizar las brechas existentes entre países, regiones y sectores productivos, especialmente en aquellas comunidades con menor acceso a infraestructura digital, formación especializada y recursos tecnológicos.
En este contexto, la adopción empresarial de la IA requiere un enfoque estratégico basado en cuatro pilares fundamentales.
1. Democratizar el acceso a la tecnología. Las organizaciones necesitan herramientas abiertas e interoperables que permitan desarrollar e implementar soluciones de inteligencia artificial sin depender de entornos cerrados o costosos.
2. Fortalecer el talento humano. El éxito de la IA depende de la formación continua y del desarrollo de nuevas competencias digitales que permitan a las personas trabajar junto a la tecnología y aprovechar todo su potencial.
3. Garantizar la transparencia y la supervisión humana. La inteligencia artificial debe actuar como una herramienta de apoyo para la toma de decisiones, manteniendo siempre la responsabilidad y el criterio humano.
4. Construir ecosistemas colaborativos. Gobiernos, academia, sector privado y comunidades tecnológicas tienen un rol clave para impulsar estándares compartidos y promover una innovación más equitativa.
Red Hat impulsa esta visión a través de soluciones empresariales de código abierto que permiten desarrollar, entrenar e implementar modelos de inteligencia artificial en entornos híbridos y multinube. Plataformas como Red Hat OpenShift AI ofrecen a las organizaciones la flexibilidad necesaria para gestionar aplicaciones y modelos de IA de forma escalable, segura y adaptable a diferentes necesidades.
“El futuro de la inteligencia artificial no dependerá únicamente de la capacidad de procesamiento o de la sofisticación de los modelos, sino de nuestra capacidad para garantizar que sus beneficios lleguen a más personas. La innovación con propósito exige construir tecnología abierta, responsable e inclusiva”, concluye Ardila.
La conversación sobre inteligencia artificial ya no gira únicamente en torno a qué tan rápido avanzan las tecnologías, sino a cómo asegurar que ese progreso contribuya al desarrollo sostenible y al bienestar colectivo. La oportunidad está en construir una IA que amplíe las posibilidades de las personas y no las desigualdades existentes.




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