Cómo un hacker usó IA y solo US$5.000 para vulnerar más de 100 sitios web
Una investigación reveló cómo un atacante logró automatizar una campaña contra más de 1.200 sitios web mediante agentes de inteligencia artificial durante el último año en Estados Unidos, Canadá, Australia y Japón. Las herramientas empleadas combinaban capacidades de DeepSeek y Claude Code.

Un solo ciberdelincuente, instrucciones de menos de 100 caracteres chinos y aproximadamente US$5.000 en herramientas de inteligencia artificial. Esa fue la receta detrás de una campaña que consiguió comprometer más de 100 sitios web y puso en evidencia una transformación profunda en el panorama mundial.
La investigación, revelada por Reuters, documenta cómo un atacante que se comunicaba en chino utilizó agentes autónomos de IA para ejecutar operaciones contra empresas de Estados Unidos, Canadá, Australia y Japón.
Entre las organizaciones afectadas figuraron el fabricante de maquinaria agrícola Deere, la compañía de electrodomésticos SharkNinja y el fabricante de motores Cummins.
Lo extraordinario del caso no es únicamente la cantidad de objetivos comprometidos, sino el grado de autonomía de la tecnología utilizada. En lugar de realizar manualmente cada operación, el atacante delegó gran parte del trabajo a sistemas capaces de explorar sitios, identificar vulnerabilidades y ejecutar acciones durante horas sin supervisión constante.
El hallazgo fue documentado por Snorre Fagerland, investigador principal de amenazas de la empresa de ciberseguridad NorForge, quien observó la actividad mientras investigaba instalaciones expuestas de Cairn, una plataforma de código abierto diseñada para coordinar agentes de inteligencia artificial.
La investigación representa una señal de alerta para las organizaciones que todavía diseñan sus estrategias de seguridad pensando principalmente en atacantes humanos.
La operación comenzó el 25 de septiembre de 2026 y, para mediados de octubre, los agentes habían intentado comprometer más de 1.200 sitios web.
Según los hallazgos de Fagerland, una intrusión exitosa requería aproximadamente 23 horas de actividad automatizada. Sin embargo, el costo estimado por cada compromiso era de apenas US$50, calculado a partir del consumo de recursos de los modelos de inteligencia artificial.
La campaña completa habría utilizado unos US$$5.000 en tokens, las unidades de procesamiento mediante las cuales se factura el uso de numerosos sistemas de IA.
Las herramientas empleadas aparentemente combinaban capacidades de DeepSeek, desarrollado en China, y Claude Code, de Anthropic.
Estos números permiten dimensionar el cambio económico que introduce la automatización del cibercrimen. Operaciones que tradicionalmente exigían conocimientos especializados, tiempo de investigación y participación humana constante pueden apoyarse ahora en sistemas comerciales capaces de trabajar durante períodos prolongados.
La tecnología no elimina la necesidad de conocimientos técnicos, pero sí permite que un mismo atacante amplíe considerablemente su capacidad operativa. Para las empresas, esto significa que la cantidad de intentos de intrusión puede crecer sin que aumente proporcionalmente el número de personas detrás de las campañas.
La diferencia entre un chatbot convencional y un agente autónomo es fundamental para comprender la gravedad del caso.
Un chatbot generalmente responde a instrucciones específicas. Un agente de IA, en cambio, puede ejecutar secuencias de tareas, evaluar resultados y continuar trabajando hacia un objetivo con un grado variable de independencia. Esa capacidad permite automatizar procesos empresariales, desarrollar software y analizar grandes volúmenes de información. Pero también puede ser utilizada indebidamente para realizar actividades maliciosas.
En la investigación de NorForge, los agentes demostraron capacidad para mantener operaciones complejas y adaptar sus acciones a los resultados obtenidos.
Fagerland, quien acumula casi tres décadas de experiencia en ciberseguridad, destacó que algunas de las técnicas observadas mostraban una sofisticación considerable. Su conclusión resulta especialmente relevante: los agentes comerciales de inteligencia artificial ya pueden desarrollar intrusiones complejas sin requerir supervisión humana permanente.




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