Gadget-up!: nueva sección de hardware con inteligencia (y carácter propio)
- Redacción IT NOW
- hace 11 horas
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Gadget-up! es un nuevo espacio semanal de IT NOW para los fanáticos de la neuva generación de gadgets y dispositivos con IA. Aquí no se trata solo de chips, sensores o potencia bruta, sino de cómo el nuevo hard, cada vez más atravesado por la IA, redefine la forma en que registramos la realidad, habitamos nuestros espacios y nos vinculamos emocionalmente con las máquinas. En esta edición inaugural, cuatro dispositivos muy distintos entre sí anticipan un cambio común: la tecnología empieza a volverse menos visible, más contextual y, en algunos casos, inquietantemente humana.
Looki L1: una memoria externa que observa por nosotros
El Looki L1 es un wearable discreto que se engancha a la ropa y graba video y audio bajo demanda. No pretende competir con una cámara de acción ni reemplazar al smartphone: su ambición es otra. Se presenta como una “capa de memoria personal”, capaz de registrar fragmentos del día y luego organizarlos en momentos buscables a través de una aplicación complementaria.
La apuesta es delicada. Looki no promete horas de grabación cruda, sino contexto: captar lo suficiente para ser útil sin transformarse en un dispositivo invasivo. El valor no está en el archivo audiovisual en sí, sino en la capacidad de la IA para convertir escenas cotidianas en recuerdos estructurados: una conversación clave, una indicación importante, un instante que de otro modo se perdería.
Si funciona como promete, Looki L1 se mueve en un terreno nuevo y sensible: el de la tecnología que no solo registra, sino que interpreta la vida diaria. Su éxito dependerá de lograr un equilibrio complejo entre utilidad, privacidad y confianza.
Mui Board: el hogar inteligente que no parece inteligente
El Mui Board es, literalmente, una tabla de madera montada en la pared. A simple vista no parece un dispositivo tecnológico, y ese es precisamente su argumento central. Detrás de su estética minimalista se esconde un controlador de hogar inteligente que permite manejar luces, música, temporizadores y datos básicos del hogar mediante toques capacitivos y una sutil matriz de LEDs.
Mui no busca ser el centro de automatización total, ni competir con tablets o asistentes de voz omnipresentes. Su filosofía es la de la calm technology: desaparecer cuando no se la necesita y hacerse visible solo al contacto. No interrumpe, no escucha permanentemente, no exige atención.
En un contexto de pantallas omnipresentes, el Mui Board propone una relación más serena con la tecnología doméstica. Es una declaración de diseño y de intención: menos notificaciones, menos estímulos, más control consciente. Un objeto que recuerda que la inteligencia del hogar no siempre tiene que gritar que está ahí.
Mirumi: empatía mecánica en la palma de la mano
Desde Japón llega Mirumi, un pequeño “charm” robótico para colgar de una cartera o mochila, creado por Yukai Engineering, el estudio detrás de los llamados robots de estilo de vida como Qoobo. Mirumi es peludo, reacciona al sonido y al tacto, y mueve la cabeza como si estuviera vivo. No tiene pantalla, no se conecta a la nube y no pretende ser un gadget coleccionable más: se vende como un compañero emocional sin pantallas.
Bajo su apariencia adorable hay un sistema mecatrónico sorprendentemente sofisticado: sensores de sonido duales, un sensor táctil y un algoritmo de comportamiento propio que genera movimientos no repetitivos. El resultado es clave: Mirumi no se siente programado, sino espontáneo. Su “personalidad” emerge del movimiento, no de gráficos ni de animaciones digitales.
Mirumi difumina la frontera entre juguete y robot social. Demuestra que el diseño afectivo no necesita datos, displays ni conectividad permanente. Es un experimento de empatía mecánica que vuelve obsoleto al viejo Tamagotchi de pantalla plana. La gran incógnita no es tecnológica, sino cultural: ¿estamos listos para que incluso un accesorio cotidiano nos devuelva una sensación de vida?

AI Barmen: cuando la IA aprende a juzgar y cuidar
Presentado en CES 2026, AI Barmen lleva la inteligencia artificial a un terreno inesperado: la hospitalidad. Este bartender automatizado no actúa como una máquina expendedora, sino como un camarero “real”. Escanea el rostro del cliente para estimar la edad, conversa, recuerda preferencias, crea cócteles personalizados e incluso hace comentarios que pueden resultar inquietantemente personales.
Aquí la IA deja de limitarse a ejecutar tareas y pasa a simular un rol social. Un bar no es solo un punto de venta: es un espacio basado en confianza, memoria y criterio. AI Barmen intenta cubrir esos tres aspectos. La visión artificial reemplaza al documento de identidad, la conversación sustituye al menú y un sistema de evaluación de sobriedad puede ralentizar o detener el servicio.
El verdadero experimento no está en mezclar tragos, sino en automatizar el juicio. Si una máquina puede asumir roles que requieren discreción, memoria contextual y toma de decisiones en entornos regulados, la hospitalidad podría convertirse en uno de los primeros sectores donde la “IA con presencia” reemplace por defecto la interacción humana.
