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Cuando la IA decide por nosotros: el reto de la informática forense

La inteligencia artificial ha entrado de lleno en la informática forense, y no es para menos: ayuda muchísimo a procesar montañas de evidencia digital que a un humano le tomaría años revisar. Pero claro, en cuanto estas máquinas empiezan a tener más autonomía y a decidir por su cuenta, la cosa se complica. Surgen dudas serias sobre cómo rastrear esas decisiones, explicarlas ante un juez o saber a quién culpar si fallan.




Por Aneyka Esilka Hurtado Mena, Profesora de la Facultad de Informática, Electrónica y Comunicación de la Universidad de Panamá.


Usamos IA porque no nos queda otra: hay tantos datos hoy en día que sin ayuda automatizada nos ahogaríamos. Es una herramienta brutal para ahorrar tiempo, sí, pero cambia las reglas del juego.


El problema real llega cuando la IA deja de ser solo un asistente y empieza a tomar el mando. Ganamos velocidad, pero es peligroso confiar ciegamente en sus conclusiones sin que nadie las revise. En nuestra área, un error de interpretación no es un simple "bug"; puede arruinar una investigación entera. Es un arma de doble filo: detecta cosas que nosotros no vemos y procesa terabytes volando, pero a menudo le falta ese "olfato" humano para entender el contexto, sobre todo cuando los datos están incompletos o son confusos, algo que pasa casi siempre en la vida real.


La llegada de la IA al mundo forense no fue por moda, sino por pura supervivencia operativa. El volumen de datos digitales ha crecido a un ritmo tan acelerado que el análisis exclusivamente humano ya no da abasto; tuvimos que automatizar para optimizar recursos y no colapsar. Sin embargo, esto no implica simplemente añadir una herramienta más al inventario, sino asumir un cambio profundo que está redefiniendo la dinámica tradicional de las investigaciones desde la base.


El verdadero punto de quiebre aparece cuando la tecnología deja de ser un simple soporte y empieza a influir en decisiones automatizadas. Si bien esa autonomía dispara la eficiencia, también introduce riesgos serios si aceptamos sus conclusiones sin la debida supervisión. En informática forense, equivocarse en una interpretación no es un simple "bug" técnico irrelevante; es un factor determinante que puede alterar por completo el rumbo y la validez de una investigación.


Al final, estamos ante un arma de doble filo. Por un lado, la capacidad para procesar terabytes en tiempo récord y detectar anomalías invisibles al ojo humano es una ventaja indiscutible. Pero por otro, la máquina sigue atada a sus reglas y datos de entrenamiento. Ahí es donde suele fallar: le cuesta leer el contexto, especialmente cuando la información es ambigua o está incompleta, algo que, por desgracia, es el escenario más frecuente en los casos reales.


La reconstrucción de eventos, pilar de la informática forense, se ve particularmente afectada por estas limitaciones. A diferencia del investigador humano, que puede integrar contexto y experiencia, los sistemas automatizados operan dentro de parámetros definidos. Esto incrementa el riesgo de falsos positivos o conclusiones parciales que, sin revisión adecuada, pueden desviar la investigación.


A este problema se suma la opacidad de muchos modelos de IA, conocida como el efecto de “caja negra”. Cuando no es posible explicar cómo un sistema llegó a una conclusión, la evidencia pierde fuerza técnica y legal. En el ámbito forense, la explicabilidad no es opcional, ya que la validez de los resultados depende de su capacidad de ser auditados y comprendidos.


Otro desafío relevante es la falta de consistencia en los rastros de decisión automatizada. En muchos casos, los sistemas no generan registros claros y completos de los pasos que llevaron a un resultado. Esta carencia dificulta la verificación independiente, limita las auditorías y reduce la confianza en los hallazgos generados por IA.


Desde una perspectiva de seguridad informática, estos riesgos pueden abordarse mediante el uso de guardrails. Estos mecanismos funcionan como controles preventivos que delimitan qué puede hacer un sistema automatizado, bajo qué condiciones y con qué nivel de acceso. Aplicados correctamente, permiten reducir la superficie de ataque, mantener control operativo y asegurar la trazabilidad de las acciones del sistema.


La atribución de responsabilidad es otro punto crítico. Cuando una decisión forense se apoya en sistemas autónomos, resulta más complejo determinar quién responde ante un error: el desarrollador, el operador o la organización que implementó la tecnología. Sin marcos claros, se genera un vacío legal y ético que afecta la credibilidad de las investigaciones.


En este contexto, la evolución de los modelos forenses tradicionales se vuelve indispensable. Integrar trazabilidad, explicabilidad y registros completos como principios básicos permite aprovechar los beneficios de la IA sin comprometer la integridad de la investigación. La informática forense enfrenta así el desafío de adaptarse a la autonomía tecnológica, manteniendo el control, la transparencia y la confianza en los procesos.


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