CyberCloud Summit Costa Rica 2026: la ciberseguridad entra en una era de proteger las ideas frente a la IA
Aldo Coghi, cofundador de Rocket Innovation, planteó que las empresas deben proteger no solo sus sistemas y datos, sino también el conocimiento que sostiene su capacidad de innovar.

La ciberseguridad está dejando de ser exclusivamente una batalla contra ataques informáticos, vulnerabilidades y robo de datos. Con la expansión de la inteligencia artificial generativa, las organizaciones enfrentan un nuevo desafío: proteger el conocimiento, las ideas y los activos intangibles que pueden determinar su ventaja competitiva. Ese fue uno de los principales planteamientos de Aldo Coghi, cofundador de Rocket Innovation, durante su conferencia “Redefiniendo la seguridad de las ideas creativas”, presentada en el CyberCloud Summit Costa Rica 2026.
Coghi utilizó la historia de Enigma para explicar cómo la información puede convertirse en un activo estratégico. La máquina utilizada por la Alemania nazi para cifrar comunicaciones durante la Segunda Guerra Mundial fue descifrada por equipos de matemáticos y especialistas aliados. “Enigma fue quizás la primera computadora hackeada de la historia”, señaló, antes de trasladar esa reflexión al escenario actual: las empresas necesitan comprender qué información poseen, cómo la utilizan y qué riesgos existen cuando ese conocimiento queda expuesto.

Desde esta perspectiva, la propiedad intelectual tiene una dimensión defensiva y otra ofensiva. La primera busca preservar la ventaja competitiva mediante secretos industriales, patentes y marcas; la segunda consiste en convertir esos activos en oportunidades de negocio. El problema, explicó Coghi, aparece cuando información estratégica termina expuesta en herramientas de inteligencia artificial sin los controles adecuados.
El uso cotidiano de modelos de lenguaje representa un nuevo punto de exposición. Equipos de marketing, finanzas y operaciones pueden introducir históricos, planes estratégicos, balances o información interna para obtener ideas y acelerar procesos. El riesgo no necesariamente está en un ataque directo a la infraestructura, sino en que los propios colaboradores expongan información sensible al utilizar herramientas de IA sin una estrategia de seguridad.
Para demostrar el riesgo de la homogeneización, Coghi relató un ejercicio en el que utilizó diferentes herramientas de inteligencia artificial con el mismo prompt para desarrollar una bebida funcional dirigida a estudiantes en Costa Rica. Según explicó, algunas plataformas generaron propuestas similares e incluso identificó resultados que coincidían con elementos de productos existentes. La pregunta que planteó fue: “¿Qué va a pasar cuando la inteligencia artificial tenga procesada toda la información de mi industria? ¿Dónde va a estar la diferenciación?”
Ante este escenario, el especialista destacó el surgimiento de modelos cerrados y ambientes controlados para trabajar con información estratégica. Citó como ejemplos a Disney y Coca-Cola, compañías que han explorado esquemas controlados para integrar inteligencia artificial en procesos creativos y de comunicación. La intención es aprovechar la capacidad de estas tecnologías sin entregar indiscriminadamente el conocimiento que diferencia a una organización.
Coghi planteó cuatro ejes para una estrategia de protección de la propiedad intelectual en la era de la IA: proteger el origen y los históricos de información; controlar dónde se expone el conocimiento; establecer trazabilidad y monitoreo sobre los datos; y resguardar aquello que realmente diferencia a la organización. Bajo este enfoque, las áreas de tecnología y ciberseguridad adquieren una responsabilidad que trasciende la protección técnica de sistemas.

“El prompt es el nuevo canal de exposición”, advirtió el especialista, al señalar que las políticas de seguridad también deben contemplar la interacción de los colaboradores con herramientas de inteligencia artificial. El reto, añadió, es particularmente complejo porque una organización puede contar con plataformas corporativas controladas mientras sus empleados utilizan otras aplicaciones de IA desde sus dispositivos personales.
La conclusión de Coghi apunta a un cambio de paradigma para las organizaciones: la ciberseguridad debe comenzar a proteger también la originalidad. “Podemos delegar muchas cosas a la IA menos nuestra originalidad. La IA nos hace muy creativos, pero nos hace poco originales”, afirmó. Para las empresas, el desafío ya no consiste únicamente en impedir que alguien robe información, sino en determinar qué conocimiento debe permanecer protegido, cómo puede utilizarse de manera segura y qué parte de ese conocimiento constituye la verdadera ventaja competitiva.





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