Documentos filtrados revelan el verdadero pacto entre Microsoft y OpenAI
- Redacción IT NOW
- hace 5 horas
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Revelaciones internas muestran cómo una negociación tecnológica y financiera de más de una década consolidó una relación asimétrica entre la mega-empresa y la startup de IA que disparó la era de los modelos generativos, y cómo esa misma dinámica está siendo reescrita ante presiones de mercado, reestructuraciones y cifras que alcanzan el medio billón de dólares.

Los nuevos documentos internos, presentados como parte de una demanda en la que Elon Musk acusa a OpenAI y Microsoft de traicionar la misión original de la organización, ofrecen un cuadro sorprendentemente detallado de cómo se forjó y cómo ha evolucionado una de las alianzas más influyentes en la historia de la inteligencia artificial.
En 2015, cuando OpenAI se fundó como un laboratorio de investigación sin fines de lucro, Microsoft ni siquiera estaba invitado al proyecto; el anuncio original mencionaba a Amazon Web Services (AWS) como socio en la nube. Horas después, Satya Nadella, recién designado CEO de Microsoft, escribió internamente preguntándose por qué su empresa no había sido incluida, señal de que desde el primer momento Redmond veía en la IA una pieza estratégica para su futuro.
Para 2016, Amazon era el proveedor de cómputo principal de OpenAI, con un acuerdo estimado de US$50 millones en créditos por US$10 millones comprometidos. Microsoft, intentando recuperar terreno, negoció para que OpenAI migrara a Azure como su plataforma de cómputo preferida y terminó sellando ese acuerdo con apoyo incluso de Musk, quien desde entonces favoreció la relación con Microsoft por encima de AWS.
La alianza se consolidó en 2019 cuando Microsoft aceptó invertir US$1 mil millón en un nuevo esquema de “beneficio limitado” para OpenAI, que permitía a la startup atraer capital externo mientras limitaba el retorno de los inversores. A cambio, Microsoft obtuvo licencias exclusivas para comercializar tecnología de OpenAI y derechos de uso prioritario en Azure.
Con el tiempo, esa relación se volvió un pilar estratégico: entre 2019 y 2025, Microsoft aportó más de US$12 mil millones adicionales, y su compromiso con Azure y servicios de IA se proyectó en un gasto futuro de US$250 mil millones en infraestructura cloud, alimentando tanto la oferta de OpenAI como la propia plataforma de nube de Microsoft.
Pero los documentos revelan tensiones clave. Ejecutivos de Microsoft llegaron a describir internamente a OpenAI como si tratara a la empresa como un “cubo de GPUs indiferenciado”, refiriéndose a la dependencia de su infraestructura sin ofrecer avances inmediatos en investigación. Aun así, el temor estratégico a que OpenAI se fuera con competidores como AWS o Amazon impidió que Microsoft se retirara de la alianza.
El punto de inflexión llegó con ChatGPT en 2022: el producto alcanzó 100 millones de usuarios en solo dos meses, consolidando a OpenAI como un actor global y poniendo a Microsoft en una posición privilegiada para capitalizar la demanda de herramientas generativas. Azure se transformó en un elemento central de la estrategia de IA de Microsoft, incluso cuando OpenAI comenzó a diversificar sus alianzas en cómputo con proveedores como CoreWeave, Oracle y, más recientemente, AWS.
Otro giro importante ocurrió con la reestructuración de OpenAI en 2025: después de una negociación prolongada, la startup pasó a convertirse en una corporación pública de beneficio (public benefit corporation), con una valoración implícita de alrededor de US$500 mil millones. Microsoft quedó con una participación cercana a 27 %, y sus derechos de propiedad intelectual se extendieron hasta 2032, aunque perdió ciertas prerrogativas exclusivas sobre la infraestructura cloud y la primera opción para cargas de trabajo.
Las cifras financieras que emergen de las filtraciones y análisis externos añaden otra dimensión al relato: en 2024, se estima que OpenAI pagó a Microsoft cerca de US$493,8 millones por participación en ingresos, con una cifra que ascendió a US$865,8 millones en los primeros tres trimestres de 2025 bajo acuerdos que estipulan alrededor del 20 % de los ingresos, aunque OpenAI también devuelve a Microsoft alrededor del 20 % de los ingresos de Bing y Azure OpenAI Service.
Al mismo tiempo, los costos de operación son extraordinarios: se reportó que en 2024 OpenAI gastó aproximadamente US$3,8 mil millones solo en cómputo de inferencia —el procesamiento de solicitudes de usuarios en tiempo real— y unos US$8,65 mil millones en los primeros nueve meses de 2025. Esto sugiere que la economía de la IA aún enfrenta presiones donde los costes pueden superar los ingresos, alimentando debates sobre la sostenibilidad de los modelos actuales.
Los documentos y las cifras revelan una historia de dependencia, negociación y reinvención estratégica que va más allá del simple relato de inversión. Para CIOs y líderes tecnológicos, estos detalles muestran cómo acuerdos de capital, derechos de propiedad intelectual y estructuras de gobernanza pueden definir el rumbo de una tecnología que ya no es experimental, sino central para la competitividad empresarial y económica global.




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