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Google desata una polémica: las escuelas que rechacen la IA también perderán acceso a su buscador

hace 3 horas
5 min de lectura

La empresa permitirá que las instituciones educativas desactiven las herramientas de inteligencia artificial en las cuentas de sus estudiantes, pero introdujo una condición que provocó fuertes críticas: quienes decidan bloquear completamente la IA tampoco podrán utilizar Google Search. Legisladores, educadores y defensores de los derechos digitales cuestionan una decisión que vuelve a poner sobre la mesa el poder de las grandes plataformas tecnológicas dentro de las aulas.



Google planteó a las escuelas una elección que difícilmente pase inadvertida: aceptar la inteligencia artificial en las aulas o renunciar también a su buscador.


La compañía anunció una modificación en la administración de sus herramientas educativas que, en principio, parece responder a una preocupación legítima. A partir del próximo año, los administradores de las cuentas escolares de educación primaria y secundaria (K-12) podrán decidir qué herramientas de inteligencia artificial habilitan para sus estudiantes. La configuración inicial será mantenerlas desactivadas hasta que las instituciones autoricen expresamente su utilización.


Sin embargo, hay una condición que cambió completamente la discusión. Las escuelas que opten por bloquear todas las herramientas de IA tampoco podrán acceder a Google Search.


La explicación de la empresa es que las funcionalidades de inteligencia artificial están profundamente integradas en su buscador. Chris Phillips, vicepresidente de Educación de Google, explicó a The New York Times que "la búsqueda y la IA están profundamente integradas". Por esa razón, si una institución decide no habilitar las herramientas de IA, sus estudiantes tampoco tendrán acceso al buscador y recibirán un mensaje indicando que el servicio no está disponible.


La reacción fue inmediata. Lo que Google presenta como una actualización de sus servicios educativos comenzó a interpretarse como una forma de presión comercial sobre las instituciones escolares, especialmente porque el buscador constituye una herramienta habitual para investigar, consultar fuentes y acceder a materiales de estudio.


El senador Bernie Sanders fue uno de los primeros dirigentes políticos en cuestionar públicamente la decisión. En una publicación en X, acusó a Google de extorsionar a las escuelas y sostuvo que la compañía estaba amenazando con retirarles el acceso a su buscador si impedían que los estudiantes utilizaran inteligencia artificial.


La controversia también involucró a Zohran Mamdani, alcalde de Nueva York, quien cuestionó el poder de la empresa para imponer condiciones sobre la educación pública. Mamdani sostuvo que Google estaba utilizando su posición dominante para introducir IA en las escuelas y afirmó que ninguna corporación debería tener capacidad para decidir cómo se educa a los niños.


Lina Khan, expresidenta de la Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos (FTC), también cuestionó la medida y advirtió sobre el uso del dominio de Google en las búsquedas para impulsar la adopción de sus productos de inteligencia artificial.


La discusión tiene un componente especialmente sensible: las escuelas no están rechazando necesariamente la tecnología, sino que buscan conservar la capacidad de decidir cuándo, cómo y bajo qué condiciones debe utilizarse.


El problema de integrar la IA en la educación


La decisión de Google llega en un momento de creciente preocupación por los efectos de la inteligencia artificial generativa sobre los procesos de aprendizaje.

Docentes y familias han advertido que los chatbots pueden facilitar la resolución automática de tareas, reducir el esfuerzo intelectual y debilitar habilidades como el pensamiento crítico, la investigación y la escritura.


El problema no es exclusivamente teórico. Las herramientas capaces de generar ensayos, resolver problemas matemáticos y producir respuestas elaboradas en segundos están modificando la relación de los estudiantes con el conocimiento. Para las instituciones educativas, establecer límites sin renunciar a las ventajas de la tecnología se ha convertido en un desafío cotidiano.


En agosto, Google ya había generado controversia al ampliar el acceso a Gemini para usuarios en edad escolar. La nueva política parece ser una respuesta a las consultas de escuelas, docentes, investigadores y responsables políticos que reclamaban mayores controles sobre estas herramientas.


La compañía también anunció cambios en Gemini, NotebookLM, Gemini in Classroom y Google Search. Los administradores podrán gestionar individualmente el acceso a estos productos, aunque la dependencia tecnológica entre el buscador y las funcionalidades de IA introduce una limitación importante.


Según Associated Press, Google sostiene que sus herramientas pueden contribuir a mejorar el aprendizaje y que está desarrollando experiencias diseñadas para ayudar a los estudiantes a comprender los conceptos en lugar de limitarse a proporcionar respuestas.


Entre ellas aparece Guided Learning, una modalidad de aprendizaje guiado que busca acompañar a los alumnos en la resolución de problemas, paso a paso. La propuesta pretende evitar que los estudiantes simplemente copien una respuesta generada por un chatbot y, en cambio, desarrollen una comprensión más profunda de los contenidos.


Google también anunció que Guided Learning en Google Classroom comenzaría a desplegarse globalmente, mientras que determinadas experiencias en Search se probarían durante noviembre en escuelas seleccionadas de Estados Unidos.


Pero la propuesta no resuelve el conflicto central. Una escuela puede considerar útil que sus estudiantes tengan acceso a internet y a un buscador tradicional, pero no querer que las respuestas aparezcan acompañadas de resúmenes generados por IA, asistentes conversacionales u otras funcionalidades automatizadas.


La integración de estas capacidades hace que separar ambos servicios sea cada vez más complicado.


Una dependencia que va más allá del buscador


La dimensión del problema también está relacionada con la posición que Google ocupa dentro del ecosistema educativo.


La empresa afirmó que 150 millones de estudiantes y docentes utilizan Google Classroom en todo el mundo. A esa presencia se suma el uso extendido de Chromebooks y otras aplicaciones de su ecosistema, que forman parte de la infraestructura digital de numerosas instituciones.


Cuando una plataforma alcanza semejante penetración, sus decisiones sobre funcionalidades, condiciones de acceso y configuración de servicios pueden tener consecuencias mucho más amplias que las de una actualización convencional.


Para una escuela que utiliza Google Classroom, Chromebooks y las herramientas de productividad de la compañía, abandonar el ecosistema no es necesariamente una operación sencilla. Implica revisar procesos, capacitar docentes, migrar información y posiblemente reemplazar equipos y servicios.


En ese contexto, la imposibilidad de utilizar Search sin aceptar las funcionalidades de IA introduce una discusión sobre competencia y dependencia tecnológica.


La cuestión no es si Google tiene derecho a incorporar inteligencia artificial en sus productos. La compañía puede desarrollar y modificar sus servicios. El interrogante es hasta qué punto una plataforma dominante puede vincular funcionalidades que los usuarios consideran independientes y condicionar el acceso a una herramienta ampliamente utilizada.


La situación adquiere mayor relevancia porque algunas jurisdicciones ya comenzaron a establecer restricciones al uso de IA generativa en las aulas. Nueva York y Los Ángeles, por ejemplo, han aplicado prohibiciones temporales para estas herramientas en determinadas escuelas de educación primaria y secundaria mientras desarrollan políticas de seguridad y utilización responsable.


La nueva política de Google podría obligar a esas instituciones a reconsiderar su relación con uno de los servicios de búsqueda más utilizados del mundo o acelerar la adopción de alternativas.


La empresa, por su parte, sostiene que su objetivo es proporcionar a los responsables educativos control y confianza para utilizar sus productos de IA de acuerdo con sus necesidades. Phillips indicó que Google compartirá más detalles durante los próximos meses para facilitar la transición, prevista para comienzos de 2027.


Sin embargo, el episodio deja al descubierto una tensión cada vez más importante en el negocio de la inteligencia artificial: las grandes plataformas están integrando sus modelos en servicios que millones de personas ya utilizan y, con ello, modifican las condiciones bajo las cuales esos servicios funcionan.


En el mercado de consumo, esa estrategia puede traducirse en mayor adopción de asistentes y nuevas oportunidades comerciales. En educación, donde las decisiones deben contemplar la autonomía de las instituciones, la edad de los usuarios y los objetivos pedagógicos, las consecuencias son mucho más delicadas.


Google quiere que la inteligencia artificial forme parte de la experiencia educativa. El problema es que, al vincular su aceptación con el acceso a Search, corre el riesgo de transformar una discusión sobre innovación pedagógica en otra sobre poder de mercado y libertad de elección.


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