La IA divide a las personas: el nuevo mapa emocional del trabajo tecnológico
- angiecantillo1
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Una encuesta realizada a más de 5.300 profesionales del sector tecnológico revela que la inteligencia artificial ya no solo está transformando la productividad, sino también la identidad laboral. Mientras casi la mitad de los trabajadores siente que la IA potencia sus capacidades, otro grupo creciente experimenta incertidumbre, agotamiento y temor por el futuro de su carrera.

Durante décadas, trabajar en tecnología fue sinónimo de estabilidad, innovación y una promesa casi permanente de crecimiento profesional. Incluso después de las olas de despidos que golpearon al sector entre 2022 y 2024, persistía la idea de que quienes lograran adaptarse seguirían encontrando oportunidades en una industria acostumbrada a reinventarse.
La inteligencia artificial está cambiando esa ecuación. No porque esté reemplazando masivamente a los trabajadores, al menos todavía no, sino porque está alterando algo mucho más difícil de medir: la percepción que los propios profesionales tienen sobre su lugar dentro de la economía digital.
La encuesta anual publicada por Lenny's Newsletter, una de las comunidades de referencia para ejecutivos y responsables de producto en Silicon Valley, ofrece una radiografía poco habitual de ese cambio.
El estudio recopiló respuestas de 5.920 profesionales tecnológicos, de los cuales 5.332 se encontraban empleados al momento de participar. Sus conclusiones describen un mercado laboral que ya no puede analizarse únicamente mediante salarios, vacantes o despidos. La verdadera transformación ocurre en el plano psicológico.
La investigación identifica una fractura que atraviesa prácticamente toda la industria. La mitad de los trabajadores siente que la inteligencia artificial amplifica sus capacidades, acelera su aprendizaje y multiplica su impacto. La otra mitad experimenta exactamente el fenómeno contrario: percibe que sus conocimientos pierden valor, que su identidad profesional se vuelve difusa y que el trabajo cambia más rápido de lo que resulta posible adaptarse.
La productividad deja de ser la principal historia
Desde la irrupción de ChatGPT, Claude, Gemini y decenas de asistentes especializados, el discurso dominante ha girado alrededor de la productividad. ¿Cuánto tiempo ahorra la IA? ¿Cuántas tareas automatiza? ¿Cuánto más rápido puede trabajar un desarrollador, un diseñador o un gerente de producto? La encuesta confirma que ese impacto existe.
El 82% de los participantes afirma que la inteligencia artificial ya mejora su desempeño laboral al menos de forma moderada y casi la mitad asegura que el cambio ha sido muy significativo. Además, seis de cada diez consideran que poseen habilidades en IA iguales o superiores a las de sus colegas.
Sin embargo, cuando el estudio abandona las preguntas cuantitativas y escucha cómo describen los trabajadores esa transformación, aparece una realidad mucho menos optimista. La mayoría no habla de producir mejor.
Habla de producir más.
Las respuestas abiertas se repiten con una inquietante consistencia. Los profesionales explican que terminan más tareas, generan más documentos, escriben más código y entregan más proyectos. Pero pocos sienten que la calidad haya mejorado en la misma proporción.
Algunos incluso describen una sensación difícil de verbalizar: la impresión de que la inteligencia artificial está sustituyendo parte del razonamiento profundo que antes caracterizaba su trabajo.
Uno de los participantes resume ese sentimiento con una frase que atraviesa toda la investigación: "Puedo hacer más, más rápido, pero no mejor".
El verdadero temor no es perder el empleo
Existe otra idea instalada en el debate público que los datos contradicen. Durante los últimos dos años, buena parte de la conversación sobre inteligencia artificial se ha construido alrededor de una amenaza: las máquinas reemplazarán a las personas.
Los trabajadores tecnológicos parecen estar preocupados por otra cosa.
Solo el 22% identifica como principal riesgo quedarse sin empleo debido a la IA.
En cambio, el 51% teme que las empresas simplemente esperen más trabajo por la misma remuneración. Otro 46% cree que la velocidad impuesta por las nuevas herramientas terminará siendo imposible de sostener y un 41% considera que la calidad de su trabajo inevitablemente se deteriorará.
Es una diferencia fundamental. La inteligencia artificial no aparece como un sustituto inmediato del trabajador, sino como un multiplicador permanente de expectativas.
Cada mejora de productividad deja de ser una ventaja competitiva para convertirse, pocas semanas después, en el nuevo estándar de rendimiento.
La lógica empresarial resulta comprensible. Si un desarrollador ahora produce el doble de código o un analista redacta informes en la mitad del tiempo, la tentación natural consiste en incrementar objetivos, reducir tiempos y aumentar entregables.
Pero la encuesta revela el costo oculto de esa ecuación.
La eficiencia nunca parece suficiente.
Una industria agotada por su propia velocidad
Quizá el dato más preocupante del estudio no sea tecnológico. Sea humano.
El agotamiento significativo pasó del 44,7% en 2025 al 55,7% apenas un año después. Más de una cuarta parte de los trabajadores asegura sentirse muy o completamente agotada. Al mismo tiempo, el optimismo sobre el futuro profesional descendió del 54,8% al 48,7%.
Lo paradójico es que el gusto por el trabajo prácticamente no desaparece.
Más del 42% continúa disfrutando mucho de lo que hace y otro 36,7% mantiene una valoración positiva de su actividad diaria.
La contradicción refleja el nuevo estado emocional del sector. Las personas siguen disfrutando resolver problemas complejos, crear productos digitales y construir tecnología. Lo que ya no disfrutan es la velocidad con la que deben hacerlo. La IA ha convertido cada mejora de productividad en una obligación permanente de acelerar un poco más.
La generación que ya no recomienda entrar
Pocas cifras ilustran mejor el cambio cultural que atraviesa Silicon Valley.
Más del 53% de los trabajadores tecnológicos no recomendaría a un amigo comenzar una carrera similar a la suya.
La encuesta arroja un Net Promoter Score de menos 39 para las profesiones tecnológicas, una cifra difícil de imaginar hace apenas cinco años, cuando trabajar en empresas digitales representaba uno de los caminos profesionales más codiciados del mercado.
Lo más llamativo es que incluso numerosos profesionales optimistas tampoco aconsejarían recorrer el mismo camino.
Muchos explican que lograron construir una carrera antes de la explosión de la inteligencia artificial y creen que podrán adaptarse. Lo que dudan es que quienes recién ingresan encuentren las mismas oportunidades de aprendizaje.
La preocupación no es menor.
Buena parte de las tareas iniciales que históricamente permitían formar desarrolladores, diseñadores o investigadores comienzan a ser absorbidas por herramientas de IA.
La automatización amenaza precisamente el espacio donde las nuevas generaciones adquirían experiencia.
Los grandes ganadores y los grandes perdedores
No todos viven esta transición de la misma manera. Los fundadores de startups y los ejecutivos aparecen nuevamente como el grupo con mejores indicadores de satisfacción, optimismo y confianza. El 71% mantiene una visión positiva sobre su carrera y registra la menor preocupación por posibles despidos.
En el extremo opuesto se encuentran diseñadores e investigadores. Entre los primeros, el 63% afirma sentirse abrumado por la velocidad del cambio y el 61% declara experimentar agotamiento constante. Los investigadores muestran el mayor temor por la estabilidad laboral y la menor confianza respecto al futuro de su profesión. La explicación parece evidente.
La inteligencia artificial ya no solo automatiza tareas repetitivas. También comienza a intervenir en actividades tradicionalmente consideradas creativas, como el diseño visual, la investigación de usuarios o la generación de conceptos.
Paradójicamente, cuanto más creativo era un trabajo, mayor sensación de vulnerabilidad parecen experimentar algunos profesionales.
