Banking Tech Summit Rep. Dominicana 2026: 60% de la banca regional aún opera con sistemas de más de 30 años
- angiecantillo1
- hace 1 hora
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Un nuevo estudio revela que la mayoría de las entidades en América Latina todavía depende de sistemas core heredados. Mientras fintechs y neobancos aceleran la competencia digital, los bancos tradicionales se ven obligados a modernizar su infraestructura tecnológica para no quedar rezagados.

La transformación digital en la banca latinoamericana avanza a dos velocidades. De un lado, fintechs y neobancos impulsan experiencias financieras completamente digitales.
Del otro, una gran parte de los bancos tradicionales sigue dependiendo de sistemas tecnológicos diseñados hace décadas.
La magnitud del problema es significativa. Según un estudio realizado en 2025 por Seren en conjunto con la firma de análisis PCMI, alrededor del 60% de las entidades bancarias de la región continúa operando con sistemas core heredados con más de 30 años de antigüedad.
Ese dato revela una tensión estructural dentro del sector financiero. Durante la pandemia y el período posterior, los bancos aceleraron la digitalización de sus canales de atención y servicios online. Sin embargo, muchos dejaron en segundo plano la modernización de su infraestructura central.
El resultado es un cuello de botella tecnológico.
“Las entidades modernizaron sus canales, pero hoy se encuentran con que su core no responde con la agilidad que necesitan. Ese es el freno mñas grande qye estamos viviendo en este momento”, explica Sandra Hernández, Senior Sales Executive de Temenos.
El corazón tecnológico que frena la innovación
En la arquitectura de un banco, el core bancario es el sistema central que procesa cuentas, pagos, préstamos y transacciones. Es el motor operativo de la institución. Cuando ese sistema es antiguo o rígido, cualquier innovación digital se vuelve más lenta, costosa o difícil de implementar.
Durante años, muchas entidades optaron por una estrategia de desacoplamiento parcial. En lugar de reemplazar el core, añadieron nuevas capas digitales encima de la infraestructura existente. Esto permitió lanzar aplicaciones móviles, servicios online o nuevos canales de atención. Pero esa estrategia está llegando a su límite.
“Las entidades dicen: ya no puedo seguir modernizando los canales si el core no responde con la misma agilidad”, detalla Hernández.
El fenómeno no es exclusivo de América Latina. A nivel global, los sistemas heredados son uno de los principales obstáculos para la transformación digital del sector financiero. Sin embargo, en mercados emergentes la brecha tecnológica puede ser más pronunciada debido a limitaciones presupuestarias, regulatorias o de talento.
Más inversión tecnológica en el horizonte
A pesar de estas limitaciones, el sector financiero está reaccionando. El 50% de las entidades planea aumentar su inversión tecnológica en los próximos años, mientras que el 59% considera la modernización del core bancario como uno de sus tres proyectos estratégicos prioritarios.
El objetivo es claro: ganar agilidad frente a una competencia que no existía hace una década.
Fintechs, neobancos y plataformas digitales han redefinido la experiencia financiera para millones de usuarios. Empresas como Nubank en Brasil, que hoy cuenta con decenas de millones de clientes en América Latina, han demostrado que los servicios financieros pueden operar completamente desde plataformas digitales.
Ese nuevo escenario ha cambiado las expectativas de los usuarios.
Los clientes más jóvenes, especialmente millennials y generaciones posteriores, esperan servicios financieros sin fricción, completamente digitales y disponibles en tiempo real. “Nacieron digitales y no van a salir de ahí”. Para los bancos tradicionales, cumplir con esas expectativas requiere mucho más que lanzar una aplicación móvil.
Una transformación desigual en la región
El proceso de modernización tecnológica no avanza de manera uniforme en América Latina, algunos países están liderando el cambio.
Brasil y Chile son los mercados que encabezan los procesos de transformación bancaria, impulsados por ecosistemas fintech más desarrollados y marcos regulatorios más avanzados.
Otros países, como Colombia, Perú o Ecuador, muestran avances más graduales. Mientras tanto, República Dominicana aparece como uno de los mercados emergentes que está acelerando su proceso de transformación digital.
La regulación fintech también juega un papel clave en esta evolución. América Latina ha desarrollado en los últimos años marcos regulatorios que permiten la aparición de nuevos actores financieros, desde startups tecnológicas hasta bancos digitales.
Este entorno regulatorio crea tanto oportunidades como presión competitiva para los bancos tradicionales.
Barreras internas que frenan el cambio
Aún con incentivos claros para modernizarse, muchas instituciones financieras enfrentan obstáculos internos. Hernández identifica tres barreras principales.
La primera es la fragmentación tecnológica. Muchos bancos operan con múltiples sistemas desconectados entre sí, lo que dificulta la integración de nuevas soluciones digitales.
La segunda es la asimetría regulatoria entre países. Mientras algunos mercados tienen regulaciones fintech maduras, otros apenas comienzan a desarrollarlas.
La tercera, y quizás la más crítica, es la escasez de talento técnico especializado. La demanda de ingenieros, desarrolladores y expertos en sistemas financieros supera ampliamente la oferta en la región.
A estos factores se suma un elemento cultural. Transformar la infraestructura tecnológica de un banco implica cambiar procesos, estructuras organizacionales y formas de trabajo que llevan décadas funcionando de cierta manera.
Un mercado financiero cada vez más digital
El cambio tecnológico también está impulsado por el crecimiento del mercado digital global. Según estimaciones, el mercado global de banca digital podría alcanzar los 15,4 billones de dólares en 2032, con una tasa de crecimiento anual cercana al 3,9%.
En América Latina, el aumento del uso de servicios financieros digitales en países como Brasil, México y Perú indica que la transformación ya está en marcha.
Para los bancos tradicionales, la pregunta ya no es si deben modernizarse.
La pregunta es si podrán hacerlo lo suficientemente rápido para mantenerse competitivos.
Porque en el nuevo mapa financiero, el objetivo final sigue siendo el mismo que siempre ha definido al sector: atraer nuevos clientes, aumentar ingresos y retener usuarios en un mercado donde la lealtad digital es cada vez más frágil.




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