La arquitectura heredada está siendo expuesta por la adopción de la IA
- Eduardo Cubillo
- hace 1 día
- 3 min de lectura
A medida que la inteligencia artificial pasa de ser un proyecto piloto para convertirse en el eje operativo de las organizaciones, el tráfico constante, masivo e impredecible exige infraestructuras de ultra baja latencia que los sistemas tradicionales ya no pueden sostener.

La acelerada adopción de la inteligencia artificial (IA) agéntica, los flujos de datos en tiempo real y la inferencia continua están poniendo a prueba los límites de la arquitectura de red tradicional. Lo que antes funcionaba como un transporte pasivo de datos hoy se ha convertido en el principal cuello de botella operativo para las empresas globales.
Un estudio reciente de Bloomberg encargado por Tata Communications y difundido por VentureBeat revela una marcada brecha entre las ambiciones tecnológicas y la realidad técnica: aunque el 75% de los ejecutivos considera la IA como una prioridad de nivel directivo, el 65% de las organizaciones continúa operando con infraestructura de red heredada o transitoria.
Las aplicaciones empresariales tradicionales solían operar de manera aceptable con latencias de entre 100 y 500 milisegundos. Sin embargo, los entornos de IA de misión crítica, como la detección de fraude en tiempo real o la optimización logística de la cadena de suministros, exigen tiempos de respuesta por debajo de los 10 milisegundos.
"Esto no es solo una mejora incrementa. Es un paradigma de rendimiento completamente diferente que rompe las suposiciones tradicionales del diseño de redes, donde una latencia tan extremadamente baja nunca fue una consideración primaria", afirmó Kapil, vicepresidente de Servicios de Red Globales en Tata Communications a VentureBeat.
Ese cambio en el estándar de rendimiento rompe las suposiciones de diseño de las últimas décadas, donde la latencia extrema nunca fue un factor prioritario. Cada milisegundo de retraso provocado por la congestión de la red se traduce directamente en pérdidas financieras o fallas operativas.
A medida que los componentes de IA se distribuyen entre la nube, el borde (edge) y los centros de datos corporativos, se genera un alto volumen de tráfico interno que colapsa la infraestructura existente si esta carece de gestión dinámica.
A esto se suma la seguridad: Kapil señala que el tráfico malicioso generado por bots impulsados por IA representa actualmente alrededor del 37% del tráfico global en línea, dificultando la diferenciación entre usuarios legítimos y amenazas automatizadas.
Ante esta dispersión, las empresas están migrando hacia arquitecturas unificadas en la nube como SASE (Secure Access Service Edge) para garantizar políticas de seguridad consistentes sin sacrificar escalabilidad.
"SASE ayuda a mitigar estos riesgos al converger las redes y la seguridad en una arquitectura unificada entregada desde la nube. Esta convergencia está permitiendo una aplicación uniforme de políticas en entornos de nube, locales y de borde, al tiempo que proporciona la escalabilidad y proximidad necesarias para proteger las interacciones impulsadas por IA en tiempo real", señala Kapil.
La red como plataforma inteligente y estratégica
El consenso entre los líderes de infraestructura apunta a que la red debe evolucionar de ser una "fontanería pasiva" a convertirse en una plataforma inteligente, orientada a software y APIs.
A través del enrutamiento determinista y la automatización autorreparable, la red puede redirigir el tráfico en segundos ante una interrupción y ajustar el ancho de banda bajo demanda. Este enfoque no solo garantiza la estabilidad de las aplicaciones más exigentes, sino que evita el sobrecosto de mantener capacidad ociosa e ineficiente, posicionando a la red no como un centro de gastos, sino como una inversión estratégica para proteger el retorno de inversión en IA.
En VentureBeat indicaron que la hoja de ruta para los CIOs debe ser por fases. La transición no requiere reconstruir todo desde cero, sino evaluar las ineficiencias actuales, priorizar conectividad AI-ready (como enlaces de alta capacidad 800G) y consolidar capacidades de autosanación frente a cortes de servicio.



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