Stu Bradley, de SAS: "La cultura de IA debe comenzar desde arriba. No es solo un tema técnico, sino de toda la organización"
- Manuel Robles Quintero

- 26 may
- 3 min de lectura
El vicepresidente senior de Riesgo, Fraude y Cumplimiento de SAS aseguró durante SAS Innovate 2026 en Estados Unidos que los criminales están adoptando IA más rápido que las instituciones financieras, elevando el nivel de sofisticación de las estafas digitales.

La transformación digital y el auge de la inteligencia artificial están redefiniendo la manera en que operan las instituciones financieras alrededor del mundo. Sin embargo, mientras bancos y aseguradoras avanzan en innovación bajo estrictos marcos regulatorios, las organizaciones criminales están aprovechando la IA para perfeccionar esquemas de fraude y ampliar sus ataques a una velocidad sin precedentes.
Así lo señaló Stu Bradley, vicepresidente senior de Riesgo, Fraude y Cumplimiento de, durante una entrevista realizada en el marco del SAS Innovate 2026, celebrado en Estados Unidos.
“El problema es que los criminales están adoptando inteligencia artificial mucho más rápido de lo que las organizaciones logran desplegarla para protegerse a sí mismas y a sus clientes”, afirmó Bradley. Explicó que las instituciones financieras deben operar bajo regulaciones, auditorías y principios de innovación confiable, mientras que los ciberdelincuentes actúan sin ningún tipo de limitación.
Según el ejecutivo, el fraude financiero moderno ya no responde a operaciones aisladas, sino a redes criminales organizadas que funcionan con estructuras similares a empresas. “Existen verdaderos centros de fraude donde las personas son entrenadas para ejecutar estafas siguiendo métricas y objetivos específicos”, comentó.
Bradley advirtió que la incorporación de inteligencia artificial podría potenciar aún más estos esquemas, permitiendo automatizar conversaciones con víctimas potenciales y personalizar engaños utilizando información obtenida en redes sociales y otras plataformas digitales.
“Con IA ya no se necesita una persona detrás de cada interacción. Eso permite escalar las operaciones prácticamente sin límites y hacer que las estafas parezcan mucho más reales”, sostuvo.
Durante la conversación, Bradley destacó además el papel de los datos sintéticos en la detección de fraudes. Explicó que el fraude suele representar una proporción mínima dentro del enorme volumen de transacciones legítimas, lo que dificulta entrenar modelos predictivos efectivos.
Para enfrentar este desafío, SAS ha desarrollado herramientas como SAS Data Maker, capaz de generar datos sintéticos que fortalecen las señales de fraude y permiten entrenar modelos de inteligencia artificial con mayor precisión. “Podemos crear variaciones ligeramente modificadas de patrones fraudulentos para que los modelos aprendan a detectar amenazas emergentes con más flexibilidad”, explicó.
El especialista aclaró que esta tecnología no busca simplemente replicar información existente, sino producir datos estratégicamente diseñados para identificar riesgos específicos y mejorar la capacidad de respuesta frente a nuevas modalidades de fraude.
Bradley también enfatizó la necesidad de construir una cultura organizacional basada en una inteligencia artificial confiable y transparente. “La cultura de IA debe comenzar desde arriba. No es únicamente un tema técnico, sino de toda la organización”, afirmó.
En ese sentido, indicó que las empresas deben evaluar constantemente posibles sesgos en sus modelos y mantener supervisión humana sobre las decisiones automatizadas, especialmente en sectores sensibles como banca, seguros y cumplimiento regulatorio.
Otro de los puntos críticos mencionados por el ejecutivo fue la rapidez con la que muchas compañías lanzan aplicaciones y servicios digitales sin considerar adecuadamente los riesgos asociados al fraude.
“Muchas organizaciones están tan enfocadas en competir e innovar que desarrollan nuevas aplicaciones sin pensar desde el inicio en los riesgos de fraude. Y son precisamente esas plataformas las que terminan siendo las más vulnerables”, advirtió.
Bradley aseguró además que América Latina enfrenta desafíos particularmente importantes en esta materia, ya que las tasas de fraude en la región suelen ser superiores a las registradas en Norteamérica y Europa.
“Es una región donde vemos niveles de fraude más altos y donde estamos trabajando activamente con las instituciones financieras para ayudarlas a prepararse mejor”, señaló.
Finalmente, el ejecutivo destacó que combatir el fraude digital requiere colaboración entre empresas, industrias, gobiernos y organismos de seguridad. A su juicio, ninguna institución podrá enfrentar sola una amenaza que evoluciona constantemente impulsada por inteligencia artificial y redes criminales globales.
“Las organizaciones necesitan unirse, compartir conocimientos y trabajar junto al sector público para combatir estas redes criminales que hoy representan uno de los mayores desafíos para la economía digital”, concluyó.




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