Tech Day Panamá 2026: el CIO evoluciona de soporte tecnológico a socio estratégico del negocio
- Walter Rivera
- hace 13 horas
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En un panel, David Muñoz, CTIO de Banco General, y Miguel López-Henríquez, consultor, analizaron el desarrollo del liderazgo tecnológico y las nuevas responsabilidades que aparecen con el avance de la IA.

Hoy, las decisiones tecnológicas están cada vez más conectadas con la estrategia, la productividad, la experiencia del cliente y la capacidad de una organización para competir. Ese cambio también está redefiniendo al Chief Information Officer (CIO), quien debe comprender tanto las posibilidades de la tecnología como las necesidades y objetivos del negocio.
Este fue uno de los ejes del panel “Del soporte al liderazgo: el nuevo rol estratégico del CIO en la transformación del negocio”, desarrollado durante Tech Day Panamá, encuentro que contó con SIT Panamá como main sponsor.
La conversación reunió a David Muñoz, CTIO de Banco General, y Miguel López-Henríquez, consultor, quienes analizaron cómo ha evolucionado el liderazgo tecnológico y qué nuevas responsabilidades aparecen con el avance de la inteligencia artificial (IA).
Muñoz recordó que hace aproximadamente 25 años las áreas tecnológicas funcionaban, en muchos casos, prácticamente aisladas del resto de la organización. El CIO tenía una función principalmente defensiva: garantizar infraestructura, conectividad y continuidad de los servicios, mientras las decisiones comerciales se tomaban desde otras áreas. Esa separación, explicó, se ha reducido conforme la tecnología se convirtió en un componente transversal del negocio.
Desde su experiencia en el sector financiero, planteó incluso que la banca puede entenderse cada vez más como una empresa tecnológica que ofrece servicios financieros. Bajo esa lógica, el responsable de tecnología ya no debería limitarse a responder solicitudes, sino anticipar capacidades y preparar plataformas que permitan atender con mayor rapidez las necesidades futuras de la organización.
López-Henríquez coincidió en que esta evolución exige que el CIO comprenda conceptos que tradicionalmente parecían alejados del departamento de TI. Conocer el P&L, evaluar el retorno de inversión y entender cómo una iniciativa tecnológica genera valor son ahora habilidades relevantes para participar en las decisiones estratégicas.
De recibir solicitudes a entender problemas de negocio
Entre los factores que impulsaron este cambio, los panelistas señalaron la evolución hacia metodologías ágiles y la expansión de tecnologías como la nube. Muñoz explicó que, bajo esquemas tradicionales, el negocio solicitaba una solución y tecnología se encargaba de desarrollarla de forma relativamente aislada. La agilidad incrementó la interacción entre ambas áreas y obligó a construir soluciones de manera más colaborativa.
A ello se sumó una reducción de ciertas barreras técnicas. Según López-Henríquez, la evolución tecnológica permitió disminuir en determinados escenarios la dependencia de infraestructura propia y de equipos altamente especializados para administrar algunos servicios. La nube y otros modelos tecnológicos facilitaron implementaciones más rápidas y resultados más visibles y medibles para las organizaciones.
Sin embargo, asumir un papel estratégico requiere también modificar la manera en que los responsables tecnológicos se relacionan con otras áreas. Muñoz destacó la humildad, la disposición permanente para aprender y la capacidad de comprender el lenguaje del negocio entre las competencias que considera fundamentales para el CIO actual.
López-Henríquez agregó que el responsable tecnológico necesita conocer las competencias centrales de la empresa para identificar dónde puede generar un impacto concreto. La conversación ya no debería comenzar preguntando qué tecnología implementar, sino qué problema necesita resolver la organización y qué retorno puede obtener de esa inversión.
Inteligencia artificial: productividad sí, pero con gobernanza
La inteligencia artificial ocupó una parte central de la conversación. Frente a la aceleración de proyectos y herramientas basadas en IA, los panelistas advirtieron que el número de casos de uso no debería convertirse por sí solo en una medida de éxito. El impacto debe observarse en variables como productividad, reducción de tiempos, retorno de inversión y adopción efectiva dentro de la empresa.
Muñoz explicó que en Banco General trabajan la adopción desde dos perspectivas. Una está vinculada con la productividad individual de los colaboradores dentro de entornos seguros, evitando fugas o exposición de información. La segunda apunta a la productividad empresarial, incluyendo cambios en procesos como el ciclo de desarrollo mediante el uso de agentes y proyectos específicos sujetos a evaluación de retorno.
En una industria regulada como la financiera, la seguridad adquiere un peso particular. Para Muñoz, una iniciativa que no cumpla los requisitos de seguridad simplemente no debe avanzar, pero el papel de tecnología tampoco debería limitarse a rechazar propuestas. El CIO debe ofrecer una ruta segura para alcanzar el objetivo que busca el negocio.
López-Henríquez puso el énfasis en la gobernanza. A su juicio, habilitar herramientas de IA y registrar mejoras de productividad resulta insuficiente si la organización desconoce qué información se comparte, cómo se utilizan los modelos, cuáles son las políticas de privacidad o qué riesgos pueden introducirse en la cadena de desarrollo de aplicaciones.
Esta discusión cobra especial relevancia porque una implementación deficiente puede trascender el terreno tecnológico. Una vulneración de seguridad puede provocar pérdidas financieras y daños reputacionales, por lo que la gobernanza de IA deberá formar parte de los marcos corporativos de riesgo y no tratarse únicamente como una responsabilidad técnica.
Los participantes también miraron hacia los próximos cinco años. Muñoz anticipó que la combinación entre inteligencia artificial y robótica podría acercar cada vez más el software al mundo físico, aunque todavía existen interrogantes alrededor de los costos reales y del retorno económico de estas tecnologías. López-Henríquez, por su parte, expresó preocupación por la velocidad de la transformación y por sus posibles implicaciones laborales, económicas y sociales.
El debate dejó una conclusión sobre la evolución del cargo: el CIO del futuro difícilmente podrá medir su desempeño únicamente por la disponibilidad de sistemas o la ejecución de proyectos tecnológicos. Su responsabilidad estará cada vez más vinculada con identificar oportunidades, medir resultados, administrar riesgos y construir una relación más estrecha entre tecnología y estrategia empresarial.
En ese escenario, la transformación del CIO refleja un cambio más amplio dentro de las organizaciones: TI continúa siendo responsable de que la tecnología funcione, pero también debe contribuir a decidir dónde, cómo y para qué utilizarla.




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