Las empresas ya usan más IA, pero todavía no logran convertirla en ganancias
La adopción de inteligencia artificial avanza hacia una nueva fase: 44% de las organizaciones ya la está escalando en toda la empresa y 80% de los trabajadores asegura que mejoró su productividad. Sin embargo, solo 37% reporta un impacto positivo en el EBIT. El desafío para las compañías ya no es experimentar con IA, sino rediseñar sus operaciones para convertirla en valor financiero.

Durante años, la discusión sobre inteligencia artificial en las empresas estuvo dominada por una pregunta sencilla: ¿qué puede hacer esta tecnología?
Ahora la pregunta es mucho más difícil: ¿cuánto dinero puede generar o ahorrar?
El nuevo estudio de McKinsey sobre el estado de la IA muestra que las organizaciones están avanzando rápidamente en adopción, pero que los beneficios individuales y empresariales todavía marchan a velocidades diferentes.
Casi nueve de cada diez encuestados afirma que su organización utiliza IA regularmente en al menos una función empresarial y 44% asegura que ya se está implementando a escala en toda la empresa, frente al 38% registrado un año atrás.
La paradoja aparece cuando se observa el balance financiero.
Aunque la utilización de IA se ha extendido y profundizado, solo 37% de los encuestados afirma que la tecnología ha contribuido positivamente al EBIT de su organización, prácticamente el mismo porcentaje que el año anterior.
La brecha plantea un problema para los ejecutivos: tener trabajadores más productivos no significa automáticamente tener una empresa más rentable.
El trabajador ya está viendo el beneficio
La evidencia de que la IA puede mejorar el trabajo cotidiano es contundente.
Ocho de cada diez encuestados aseguran que la IA ha mejorado su productividad, mientras aproximadamente la mitad afirma que les ha permitido desarrollar nuevas habilidades y tomar mejores decisiones.
Pero el impacto no es homogéneo. Los gerentes de nivel medio y los colaboradores individuales son más propensos que los ejecutivos y gerentes sénior a reportar efectos negativos relacionados con la IA: 47% frente a 31%.
El dato ayuda a entender una de las tensiones que acompañan la adopción empresarial. La IA puede eliminar tareas, acelerar procesos y ayudar a tomar decisiones, pero también puede modificar responsabilidades, exigir nuevas habilidades y aumentar la presión sobre quienes deben integrar estas herramientas en el trabajo cotidiano.
El reto, por tanto, no consiste solamente en poner un chatbot o un copiloto a disposición de los empleados. La organización tiene que decidir qué trabajo cambia, quién lo realiza, qué capacidades necesita y cómo se mide el resultado.
Los agentes están cambiando la ecuación
El siguiente salto parece estar ocurriendo con los agentes de IA.
Entre las grandes empresas, aquellas con ingresos anuales superiores a US$1.000 millones, el porcentaje de encuestados que afirma que sus organizaciones están escalando agentes de IA pasó de 27% a 40% en un año. En organizaciones más pequeñas, la cifra permanece prácticamente estable en 22%.
Los agentes de codificación son particularmente relevantes. Aproximadamente dos de cada diez organizaciones ya los están escalando y la proporción llega a 31% entre las grandes compañías.
Esto está empezando a alterar una de las decisiones tradicionales del departamento de tecnología: comprar o construir.
32% de los encuestados afirma que su organización decidió no comprar al menos un producto o funcionalidad de software porque podía desarrollarlo internamente mediante herramientas de codificación basadas en agentes. La tendencia es especialmente visible entre profesionales de tecnología y salud, seguidos por servicios profesionales y energía y materiales.
La consecuencia puede ser profunda. Si los agentes reducen el tiempo y el conocimiento técnico necesarios para construir aplicaciones internas, algunas empresas podrían comenzar a desarrollar herramientas que antes adquirían a proveedores externos.
Eso no significa que el modelo de comprar software esté desapareciendo. Significa que la frontera entre una empresa tecnológica y una empresa que desarrolla su propia tecnología comienza a hacerse más difusa.
Como señala Lieven Van der Veken, senior partner de McKinsey, las organizaciones líderes están siendo más deliberadas respecto a dónde comprar, dónde construir y dónde desarrollar capacidades internas.
El costo se convierte en una nueva variable estratégica
La expansión de la IA también está generando una factura que las compañías empiezan a vigilar con mayor atención.
Uno de cada cinco encuestados afirma que los costos operativos relacionados con la IA, incluidos los tokens, están limitando su uso. La restricción aparece en organizaciones de distintos tamaños y sectores.
La presión se extiende a diferentes categorías. Aproximadamente uno de cada diez encuestados señala que los costos están limitando el uso de chatbots, agentes de IA o agentes de codificación de software.
Y, sin embargo, el dinero continúa fluyendo. 28% de los encuestados afirma que su organización destina más del 10% de su presupuesto total de tecnologías de información y comunicación a IA, mientras 60% espera aumentar sus inversiones durante el próximo año. Los sectores farmacéutico y de productos médicos, seguros, banca y otras instituciones financieras son los que muestran mayor probabilidad de anticipar incrementos.
La contradicción es reveladora: las empresas están dispuestas a gastar más en IA incluso cuando todavía no pueden demostrar un impacto financiero generalizado.
Michael Chui, senior fellow de McKinsey, describe este nuevo escenario como una cuestión de “tokenomics”. Aunque el precio por token ha disminuido, el número de tokens utilizados y generados en tareas de desarrollo de software agentico y razonamiento complejo puede crecer todavía más rápido.
Para los directores financieros y responsables de IA, esto significa que el costo de la inteligencia artificial ya no puede tratarse como una simple partida tecnológica. Se convierte en una variable que debe administrarse junto con la demanda, la productividad y el retorno esperado.
Solo una minoría está capturando el verdadero valor
El estudio identifica un grupo particularmente pequeño de empresas que está consiguiendo resultados financieros importantes con IA.
Las organizaciones de alto rendimiento representan apenas 6% de los encuestados. Son aquellas que atribuyen al menos 5% de su EBIT al uso de IA y describen su impacto como significativo.
Su diferencia no está simplemente en gastar más. Estas compañías tienen 3,3 veces más probabilidades que las demás de pretender transformar radicalmente su negocio durante los próximos tres años. Además, casi tres cuartas partes aseguran haber rediseñado radicalmente sus flujos de trabajo debido a la IA, frente a solo una cuarta parte de los demás encuestados.
También presentan una mayor disciplina organizativa. Tienen el doble de probabilidades de reportar compromiso de los altos directivos con las iniciativas de IA y de contar con procesos definidos para medir su impacto.
La conclusión es incómoda para las empresas que han llenado sus organizaciones de herramientas de IA sin modificar sustancialmente la manera en que trabajan: la tecnología por sí sola no parece suficiente.
La ventaja está apareciendo en aquellas organizaciones que utilizan la IA como motivo para rediseñar procesos completos, no simplemente como una capa adicional sobre sistemas existentes.




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