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La hiperconectividad: transformando el sector energético

El impacto económico total que tendrá el Internet de las Cosas hacia 2025 estará entre 3,9 y 11,1 billones de dólares.

 


Por José Alberto Llavot, BDM & Presales Engineering Manager fot IT Business, México & Central América de Schneider Electric.

 

Desde mucho antes que empezara el boom del Internet de las Cosas (IoT), el concepto hiperconectividad se ha utilizado para describir las múltiples formas de comunicación que las personas mantenían a través del correo electrónico, las redes sociales, internet, las videoconferencias, los mensajes de voz, entre otros.

 

Pero con el avance del Internet de las Cosas, el concepto de hiperconectividad ha evolucionado más allá de las necesidades de comunicación e información de las personas, abarcando ahora la posibilidad de tener todos los dispositivos conectados a la red. Hace apenas cuatro años, se mencionaba que los hogares tenían un promedio de 12 dispositivos conectados; sin embargo, la realidad actual revela un incremento significativo, con hasta 40 dispositivos en un solo hogar. Este aumento exponencial refleja la creciente integración de la tecnología en nuestras vidas cotidianas y subraya la importancia de comprender y gestionar esta conexión de manera efectiva.

 

De acuerdo con una investigación de la firma McKinsey, el impacto económico total que tendrá el Internet de las Cosas al 2025 estará entre los 3,9 billones de dólares y los 11,1 billones de dólares. En Centroamérica, se espera que el mercado de IoT alcance un valor de $4.2 mil millones para 2025, con una tasa de crecimiento anual compuesta del 25% entre 2020 y 2025 según datos de IDC. Además, Costa Rica y Panamá son los países con mayor desarrollo e inversión en IoT en la región según Frost & Sullivan.

 

En el ámbito energético, se estima que, para este mismo año, más de 75 mil millones de dispositivos estarán conectados a nivel mundial, muchos de ellos dedicados a la gestión y monitoreo de la electricidad y la energía.



Y es que las redes inteligentes, o smart grids, representan la columna vertebral de esta revolución. Modernizadas con tecnologías de comunicación y control, las smart grids mejoran la eficiencia, fiabilidad y capacidad de respuesta de las redes eléctricas. Según la Agencia Internacional de Energía (AIE), se espera que para 2050, estas redes constituyen más del 70% de la capacidad total de distribución de electricidad a nivel mundial, marcando un hito sin precedentes en la evolución del sector.

 

Asimismo, los medidores inteligentes son una pieza clave en este rompecabezas energético. Para 2025, se prevé que aproximadamente el 70% de los hogares en países desarrollados estarán equipados con estos dispositivos. Los medidores inteligentes permiten una lectura remota del consumo de energía, facilitando la gestión de la demanda y la detección de anomalías en la red, lo que representa un salto cualitativo en la gestión energética residencial y empresarial.

 

Por su parte, la integración de energías renovables, como la solar y la eólica, es otro aspecto crucial. Los sistemas energéticos digitalmente gestionados permiten una mejor gestión de la intermitencia inherente a estas fuentes, impulsando una transición hacia una energía más limpia y sostenible.

 

Y no podemos dejar de lado que, en el ámbito industrial, está transformando la forma en que operan las empresas. La infraestructura de conectividad, como los centros de datos y los microcentros de datos, juega un papel fundamental en el soporte de esta operación interconectada. El incremento del procesamiento a nivel de EDGE computing permite tomar decisiones inmediatas basadas en la información generada en tiempo real, impulsando la eficiencia, productividad y servicio al cliente.

 

En resumen, los impactos de la hiperconectividad en el sector energético son profundos y multifacéticos. Desde una mayor eficiencia y confiabilidad hasta una mayor seguridad y sostenibilidad, cada avance nos acerca un paso más hacia un futuro energético más resiliente y equitativo.

 

No solo está revolucionando nuestro modo de vida, sino también transformando el sector energético en un paisaje de innovación y posibilidades ilimitadas. A medida que avanzamos hacia un futuro más eficiente, confiable, seguro y sostenible, es esencial que aprovechemos al máximo su potencial transformador y colaboremos activamente para construir un mundo más próspero y equitativo para las próximas generaciones. Entender y gestionar efectivamente esta hiperconexión se vuelve crucial para capitalizar sus beneficios y abordar sus desafíos de manera eficaz.


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